Cosas más raras se han visto, es la primera frase que me viene a la mente, al enterarme de que se va a rodar una película sobre Manolete, dirigida por Menno Meyjes, y protagonizada por Adrien Brody y Penélope Cruz, que dará vida a la actriz Lupe Sino, amante del famoso torero.

El inicio del rodaje está previsto para el 21 de marzo, pero Adrien Brody viajará a España un par de meses antes, para adiestrarse como profesional del toreo, y ensayar la especial manera de lidiar el toro, por la que Manolete llegó a ser conocido como “el Monstruo”.

El guión, escrito también por Menno Meyjes, que cuenta con varios títulos atractivos en su trayectoria, se centra en la relación amorosa/tormentosa que vivieron el torero y la actriz, interrumpida trágicamente con la muerte de Manolete, a los treinta años, en la plaza de toros de Linares.

Realmente existe un gran parecido físico entre Adrien Brody y el torero, pero aun así me resulta muy difícil imaginárme al actor, derrochando poderío cañí.

Manuel Rodríguez Sánchez nació en Córdoba el 4 de julio de 1917. Pertenece a una familia de abundante ascendencia taurina; hijo del matador de igual nombre y apodo, que falleció cuando Manuel sólo tenía cinco años, antepasados suyos fueron los toreros José Dámaso Rodríguez, Pepete, y José Rodríguez Sánchez, Bebe Chico, y el banderillero Rafael Sánchez, Bebe. Su madre había estado casada en primeras nupcias con Lagartijo Chico. Desde bien pronto frecuenta la compañía de jóvenes toreros con los que acude a cortijos, herraderos y tentaderos. Sus primeros capotazos los da en 1929 en la finca 'Lobatón', cerca de Córdoba.

Manuel fue un hombre sobrio y recio. "Duro y seco como el palo de una escoba", así le definió, al poco de conocerle, Lupe Sino, actriz mexicana que acabaría siendo novia del diestro cordobés. Tenía un sentido recto de la profesión, la máxima que presidía cada una de sus actuaciones era que se debe estar bien todas las tardes.

Manuel Rodríguez fue un torero singular que llenó el sólo toda una etapa de la historia del toreo. Su personalidad torera es inigualable e irrepetible. Exponente de la austeridad del toreo cordobés, fue un triunfador que sumó muchas tardes de gloria y alcanzó una popularidad que aún hoy perdura. Auténtico como persona y como torero, Manolete sin ser la mayor figura de la lidia de todos los tiempos ocupa un hueco en el firmamento de la tauromaquia que nadie podrá robarle.